lunes, 4 de julio de 2011

Network online labs for innovation - Red de laboratorios para la innovación online

Social media have shown the power of online collaboration — now online labs need to harness it, argues Olawale B. Akinwale.
Online laboratories allow science and engineering students to carry out experiments remotely — either on real equipment or on a computer simulation — from anywhere, any time.
For example, an experiment using a heat-exchanger, a device used to measure the transfer of heat between two fluids separated by a solid wall, can be set up in a university in the United States and connected to the Internet. This experiment can then be performed by an engineering student in a remote village in Africa, as long as the student has access to an Internet connection.
The technology is often met with scepticism. An online lab cannot replace the physical experience of working in a lab, so why should anyone use one?
But online labs are an attractive option for less privileged institutions that cannot afford their own facilities. In the case of remote labs, being able to work online makes it possible to perform experiments on expensive equipment thousands of miles away
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martes, 11 de enero de 2011

Red de fábricas domiciliarias


Ordenadores conectados a televisores en Sudáfrica o un sistema de energía solar en India.

Todos estos proyectos han nacido en Fab Labs –apócope de Laboratorios de Fabricación–, una red de talleres que está democratizando el proceso de producción.

Una revolución silenciosa que en 20 años culminará con una máquina capaz de transformar bits en átomos.

Al menos eso augura el cerebro que hay detrás de los Fab Labs, Neil Gershenfeld.

Este catedrático del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) es la viva imagen que la sociedad tiene de un científico; al menos, en apariencia: gafas, pelo ensortijado y sonrisa traviesa.

“Es común hablar de la revolución digital en telecomunicaciones y en informática. El teléfono pasó de analógico a digital.

Y la informática digital nos dio ordenadores.

Va siendo hora de hablar de la revolución digital de la fabricación.”

Los alumnos de Gershenfeld ya trabajan en un aparato que transformará el código binario de la informática en materia.

Es el sueño húmedo de la ciencia-ficción: el replicador, esa máquina que en Star Trek preparaba un té de la nada, está de camino.

Suena futurista, pero teniendo en cuenta que Gershenfeld predijo que los ordenadores se parecerían a los libros –vaticinó el iPad–, puede que tengamos que tomarlo en serio.

Los Fab Labs están plantando la semilla del replicador. Son más de cincuenta en todo el mundo: Afganistán, Colombia, Kenia, España...

“Cada año doblan en número, en 2011 habrá cien’, predice Gershenfeld.

El primero nació en Boston en 2002, financiado por la Fundación Científica Nacional (Estados Unidos).

“La Fundación nos solicitó (al Center for Bits and Atoms, del MIT) que comunicáramos el resultado de nuestra investigación.

Esos resultados eran un conjunto de herramientas (programas y máquinas) con el que se puede construir casi cualquier cosa.

Se nos ocurrió que para comunicarlo, lo mejor que podíamos hacer era cederlas”, cuenta en Madrid Gershenfeld tras dar una charla en unas jornadas organizadas por Bankinter.

Así nació el primer Fab Lab, un taller con un conjunto de herramientas que permiten fabricar, por ejemplo, una tecnología capaz de rastrear a las ovejas en Noruega.

Los laboratorios se expandieron como la pólvora. “No había un plan para crear una red mundial.

Los Fab Labs surgen de forma espontánea porque son necesarios, pero no hay nadie al mando”, cuenta Gershenfeld. La fiebre Fab Lab contagió a España: hace ocho años Barcelona abrió el primero, el segundo está en Benasque, el tercero en Madrid y el cuarto en Sevilla.

La varita mágica que materializa los proyectos no es barata: incluye, entre otros instrumentos, una cortadora láser, una cortadora por control numérico, otra de vinilo; una máquina de fresado por control numérico y una impresora 3D.

“Cuesta más de 50.000 dólares, a los que hay que sumar 10.000 para materiales y otros 10.000 para acondicionar el edificio del taller”, detalla Gershenfeld. Demasiado caro para montar uno en el garaje.

“Es el paso previo al replicador.

En 20 años las máquinas, el material, el software y el duro trabajo que se hace en un Fab Lab, se simplificará y abaratará.

Crearemos una máquina con la que fabricaremos cosas en casa.”

Gershenfeld tira de analogía: Internet necesitó una habitación llena de ordenadores para funcionar, hoy lo hace en el móvil.

La financiación de los Fab Labs varía: pública, empresas (el de Madrid ha arrancado con el dinero de Absolut Vodka), donaciones...

No hay secretos

“La idea es crear una plataforma comercial y mundial que los haga autónomos”, explica este físico.

Los Fab Labs son, según Gershenfeld, una respuesta a la crisis.

“La mayoría de los grandes negocios surgieron en épocas de recesión.

El mercado actual se basa en inventar un producto y en producirlo en una fábrica.

Nuestra filosofía es otra. Se trata de producir bajo demanda en laboratorios locales, independientemente de dónde se haya diseñado el producto.”

Un modelo de negocio que se sustenta en el código abierto y la transparencia:

“No hay secretos, los Fab Labs comparten sus proyectos.

El software es de código abierto, para que el usuario pueda llevarse una copia a casa y aprender”. Sobre las patentes, Gershenfeld razona:

“No tenemos reglas sobre la propiedad intelectual, son inútiles.

No protegen, son para ir a juicio”.

Gershenfeld también es el teórico del Internet de las cosas, cuando todas ellas tengan una dirección IP y se comuniquen.

Por María Ovelar *
* De El País de Madrid. Especial para Página/12.
pagina12.com.ar

sábado, 18 de septiembre de 2010

Palomas mensajeras le ganan a la banda ancha


La banda ancha es el más moderno de los sistemas con que nos comunicamos, mientras que las palomas mensajeras provienen de los tiempos clásicos.

Pero este jueves un pulseada entre ambas vías de comunicación coronó a la paloma como campeona y puso de relieve la poca velocidad de la banda ancha en la Gran Bretaña rural.

Diez palomas portadoras de dispositivos de memoria USB emprendieron vuelo desde una granja en el condado de Yorkshire, en el norte de Inglaterra, en el mismo instante en que comenzó la descarga de un video de cinco minutos de duración.

Una hora y cuarto más tarde, las palomas habían alcanzado su destino en Skegness, a unos 120 kilómetros, pero sólo el 24% del archivo de 300MB había sido descargado.

Los activistas que llevaron a cabo la acción dijeron que su objetivo era mostrar cómo la banda ancha en algunas partes del Reino Unido no "cumple su función".

Una campaña

La idea era que las palomas recorrieran los 120 kilómetros en unas dos horas, pero Tref Davies, quien organizó el experimento como parte de una campaña para mejorar las comunicaciones en el campo, dijo que a la conexión de banda ancha le toma mucho más tiempo transferir el archivo de 300MB.

"La hacienda en la que hicimos esto tiene una conexión de unos 100 a 200 kilobits por segundo", manifestó Davies a la BBC.

Esta no fue la primera iniciativa de este tipo. El año pasado, hubo un experimento similar en Durban, Sudáfrica, en el que resultó vencedora una paloma tras alcanzar su meta de 96 kilómetros en dos horas. En ese tiempo sólo pudo descargarse el 4% de un archivo de 4GB.

"Los niños necesitan hacer sus tareas escolares y los campesinos tienen que enviar planillas en la red pero la conexión no cumple su función", explicó.

Cofundador de la firma ISP Timico y directivo de la Asociación de Proveedores de Servicios de Internet (ISPA, por sus siglas en inglés) Davies cre que el tema tiene que ser encarado por la industria y el gobierno.

El Reino Unido "tiene que estar bien conectado pero cerca de una tercera parte de los hogares aún no pueden acceder a la banda ancha", remarcó.

No obtante el Grupo British Telecom (BT), el operador de telecomunicaciones del Reino Unido, disputa esa cifra.

Un vocero de BT sostuvo que el 99% de los hogares sí puede acceder a la banda ancha y que son 160.000 las líneas en las que la banda ancha encuentra dificultades para funcionar.

Pruebas de velocidad

Pero el mundo rural sigue batallando para conseguir velocidades adecuadas de conexión.

Una investigación encargada por la BBC el año pasado halló que unos tres millones de hogares en el Reino Unido cuentan con conexiones de internet inferiores a los 2 megabits por segundo.

Yorkshire

La campiña inglesa, con internet lenta.

El gobierno prometió garantizar un mínimo de 2 megabits por segundo a cada hogar para 2015.

Sin embargo, un reciente informe del organismo de control de comunicaciones Ofcom señala que mientras que las velocidades anunciadas aumentaron, no son una medida de referencia real para los clientes de banda ancha.

Según el informe, "aunque las velocidades aumentaron casi un 50% entre abril de 2009 y mayo de 2010, la velocidad real entregada aumentó sólo un 27%".

Lloyd Felton, fundador de la Asociación Rural de Banda Ancha, dijo que el esfuerzo por llamar la atención sobre la privación de banda ancha y la baja velocidad en zonas rurales fue loable.

bbc.co.uk